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Heriberto
Soberanes.
Introducción.- La meta que representa llegar a tocar
(decorosamente, brillantemente) una obra en un mínimo de
tiempo, hace necesario un proceso que exige la
sistematización del estudio. La división del trabajo de
forma ordenada (selección, lectura, digitación,
accesorios y ejecución) y progresiva (de lo simple a lo
complejo; de fácil a difícil) nos ahorrará tiempo y
esfuerzo en la consecución del objetivo.
La división del trabajo en fases, recomendada aquí,
obedece a un diseño lógico y progresivo y, hasta cierto
punto, estandarizado. Debido a esto último es factible
de modificar, reordenar y/ó adaptar en función de las
particularidades e intereses de cada lector. Se sugiere
además que la obra, para su estudio en etapas, se divida
en segmentos orgánicos (para hacer esto último, el
discípulo tendrá que aplicar los conocimientos y
destrezas que en materia de análisis formal posea). Cada
una de estas partes pasará por el proceso de
realización, que se expondrá líneas adelante. También
deben estudiarse por separado (en todas las etapas) los
fragmentos que presenten una dificultad especial.
Exíjase en cada etapa del estudio la máxima corrección.
Es recomendable, en casos, consultar con alguna etapa
anterior cualquier situación resistente al progreso.
Presentamos a continuación los pasos que creemos útil
hacer hacia la consecución de nuestro objetivo: montar,
con economía de tiempo y esfuerzo, una obra
guitarrística.
1.- Selección del material.- Deberá ser, en primer
lugar, apropiado al nivel técnico del estudioso. El
abordar material de dificultad más alta que la que tiene
el interesado es antinatural, le rebasa en su capacidad
y es por ello riesgoso, pues puede llevar a la
desesperación, desilusión, y con ellas a la renuncia;
incluso le puede provocar lastimaduras en las manos,
etc. Dependiendo del tipo de escolaridad musical que
tenga el estudiante se elegirá la obra: si se trata un
alumno de estudio formal, la pieza que se elija (que
tendrá calidad en su hechura, nivel de dificultad
adecuado y prestigio en su edición) deberá integrarse
dentro de un repertorio en construcción que busca el
equilibrio en los aspectos de formas, tempos, épocas,
autores, etc.; Si no está inscrito en la formalidad
escolástica, la obra se seleccionará con mayor libertad.
En cualquier caso es necesaria la supervisión de un
profesor capacitado para lograr una cuidadosa selección.
2.- Lectura sin instrumento (solfeo).- Se perseguirá la
determinación de valores, alturas y demás elementos
gráficos con la mayor precisión, hasta lograr el solfeo
hablado. Si está en las posibilidades del estudioso y la
obra ó partes de ella, es adecuada para eso, se incluirá
la entonación. En esta fase, excepto el caso de
principiante, es posible (y recomendable) diseñar, a
manera de apunte y con calidad de provisional, una
digitación para ambas manos. Una primera fase de la
lectura es la referente a la medida: sobre ella quisiera
ampliar exponiendo algunas ideas de trabajo.
La lectura métrica (llamada en ocasiones, indebidamente,
rítmica) se trabajará, si es necesario, en versiones
progresivas, así:
A) Lectura monódica, que consiste en convertir un
discurso de tipo homófono (melodía –usualmente en la
parte más aguda- y acompañamiento), o de tipo polifónico
(varias melodías simultáneas) en uno monódico, es decir
a una parte. Esta modalidad permite al estudioso leer
todos los eventos en el orden que van apareciendo. Será
necesario para ello hacer una conversión al nuevo
formato. Un ejemplo de tal visión lo provee este estudio
de Fernando Sor, que aparece primero tal cual y después
en versión –atendiendo las plicas superiores- monódica
–revelado como una secuencia permanente de corcheas-,
incluyendo el conteo:

B) Un paso siguiente sería ejecutar con la voz (ejemplo:
con la sílaba “ta”) la voz superior; y entrechocando las
palmas de las manos, la voz o parte inferior.
Una aproximación mayor se obtendría al hablar
–midiéndola- la voz superior, mientras la inferior (que
por ser arpegio de complemento rítmico no posee
personalidad propia) se “toca” con palmas. Dominada la
pieza –o el fragmento- en esta modalidad, se procederá a
entonarla. Al llegar a este nivel consideraremos poseer
lo mínimo necesario en lo que ha solfeo se refiere.
3.- Lectura con instrumento.- Cuando el material ha sido
solfeado, se procederá a leerlo guitarra en mano. Se
conservarán las precisiones observadas en la etapa
anterior. La aproximación a la digitación conseguida en
el apartado 2 (si la hubo) aumentará. Si la obra
presenta “scordatura” (afinación modificada; como 6ª.
cuerda en re; 3ª. en fa sostenido; etc.), la lectura se
hará con más cuidado. Igual conducta se observará para
obras que ocupan posiciones elevadas. En todos los
casos, el guitarrista leerá con instrumento con una
actitud auditiva totalmente activa; para ello será de
vital importancia tocar -y escuchar atentamente- cada
una de las partes ó voces constituyentes del tejido
musical. Esta conducta prevalecerá en todas las etapas
en las que se ejecute en la guitarra. Para una primera
lectura con la guitarra se prescindirá de: ligados y
adornos, elementos que por su atención digito-mecánica
suelen distraer en la medida justa. Enseguida se
integrarán. Se ejemplifican la eliminación de adornos y
de ligados con estas dos piezas de Tárrega:




4.- Análisis.- La exploración (análisis) de la obra, que
se hace para diferenciar sus elementos constituyentes y
su contexto artístico, es altamente deseable pues
permite ahondar en la comprensión de la pieza de música.
Aspectos como la forma, la fraseología, la armonía y
demás tópicos inherentes al lenguaje sonoro deberán
abordarse con la mayor profundidad que permitan las
posibilidades del estudioso. Si estas fueran pequeñas,
habrá que ponerse a ampliarlas mediante el estudio. Esta
fase puede determinar los elementos de articulación
(principalmente ligados), de dinámica y de agógica que
sean coherentes con la obra; el análisis irá poniendo
estas necesidades al descubierto. Algunos ejemplos:
aplicar ligado para enfatizar inicio fraseológico; usar
ligado descendente para suavizar vértice agudo de
melodía (pico melódico); emplear decrescendo en la
resolución de una apoyatura armónica; utilizar crescendo
en correspondencia a melodía ascendente; tocar “forte”
una estructura armónica altamente disonante; acentuar la
nota inicial para destacar una imitación
contrapuntística; emplear sonido “sull tasto” para
variar una imitación motívica exacta; etc. Las obras
necesitadas de ornamentación (renacimiento, barroco) se
proveerán de ella en la medida de la capacidad del
estudioso. Escriba su trabajo analítico en una fotocopia
que le haga al original (éste se ocupará para escribir
otros datos). He querido ejemplificar este punto con
esta mazurca de Tárrega. Preguntémonos:
¿Quién fue –o es- Tárrega? ¿A que época pertenece?
¿País?; ¿Qué es una “mazurca”? ¿En qué tonalidad está
nuestro ejemplo? ¿Ya observamos que está
estructuralmente hecha en forma binaria ? ¿Ya nos dimos
cuenta que cada sección se repite –cantando a la octava
grave la primera, y diferenciada por un solo acorde la
segunda-? ¿Somos capaces de analizar toda su armonía?
¿En qué es Tárrega un romántico y en qué no lo es? ¿El
adorno (1) –apoyatura breve ejecutada por deslizamiento-
puede ejecutarse en re en lugar de do? ¿Las dos
digitaciones de derecha en (2) le acomodan igual?
¿Diseñará y ensayará otras? ¿Las de (3)?; el re
sostenido (4) es nota extraña al acorde de la menor,
disuena respecto al bajo ¿Por eso el acento? El adorno
-mordente circular- en (5) puede ejecutarse ligando solo
las notas de adorno (como está escrito arriba de ellas)
¿ya lo probó? (hay más posibilidades) ¿Convendrá
decrecer el volumen (6) al resolver esta disonancia (sol
sostenido-do) de cuarta disminuida, y crecer en el salto
ascendente? Octavar descendentemente el bajo (sol)
permitirá conectarlo mejor con la nota previa ¿Por qué
no lo escribió así Tárrega? ¿Es que prefirió no
renunciar a cantar en segunda cuerda? (A propósito:
¿Observó que la primer semifrase -indicada con ligadura
de fraseo- está toda cantada, en segunda cuerda?) ¿Por
qué, si fuera así? ¿Es legítimo que lo cambie de
registro, igual que el fa (9)? El adorno escrito con
notas reales en (10) está, en la edición de Isaías Savio,
articulado con ligados como en a) ¿probaría otras
opciones tales como b), c) y d)? ¿Propondría,
argumentando, otra manera de articular tal pasaje? En 11
el valor del bajo en la edición Savio es de negra: se
deduce de ello que el armónico se hará con ambas manos
¿Le interesaría sostener el acorde (arpegiado) al sonar
el armónico (que ahora tendrá que digitar con solo
derecha)?
Cuántas consideraciones a tomar en cuenta a la hora de
analizar una obra. Medite sobre ello. Si está convencido
de que el análisis determinará, en gran medida, la
digitación, el tempo, la dinámica, la articulación, etc.
con que se ejecutará la obra, coadyuvando, en gran
manera, a formar su personalidad de intérprete,
prepárese sobre el tema .



5.- Digitación.- Se define como el emplazamiento en
cuerdas y trastes de las notas y, de los dedos (de ambas
manos) a emplear.
La mayor parte de las ediciones de música vienen
digitadas. No crea el alumno que las soluciones allí
impresas son las únicas ó las mejores (aún cuando fueran
del mismísimo Segovia). No es así; lo único que se puede
afirmar, con seguridad, es que son las que mejor le
acomodaron -y en ese momento- al guitarrista-editor.
Teniendo en cuenta que las manos son diferentes en
tamaño, forma, respuesta de dedos, etc. en cada
ejecutante, es deducible que cada persona, en función
del conocimiento que tenga de sus habilidades, diseñará
la suya propia. A lo más que se llegará, respecto a las
digitaciones impresas, es a tomarlas como una sugerencia
(que frecuentemente, sobre todo a los principiantes, les
resulta muy útil) de parte del artista.
La digitación (incluyendo la articulación) y los matices
elegidos deberán ser resultado del análisis que se haya
practicado sobre la obra.
Una tradición muchas veces mal justificada es no digitar
(ó casi) la mano derecha. Las razones de esta costumbre
podrían estar en: a) considerar que nuestra condición de
diestros nos facilitará “de la manera que sea” los
movimientos de esta mano; b) el campo de acción de la
diestra es de solo seis cuerdas, contra una izquierda
que tiene a su cargo un total de ¡114 casillas!
(combinaciones de cuerda-traste). Ambas consideraciones
son mutuamente reforzadoras. Condescendiendo con lo
anterior, se puede afirmar que, en muchas ocasiones, la
conducta de esta mano es completamente lógica y
rutinaria -como en un estudio de arpegios- y sería
redundante digitar lo evidente. Sin embargo otras obras
(también numerosas) exigen (a veces sin que sea
incuestionable) una mano derecha más compleja; ante ello
es recomendable, comprendiendo los beneficios que
acarrea, diseñar un mecanismo apropiado de solución a
estos casos.
El acercamiento a la digitación, conseguido durante la
fase 2, se aumentará con una atención más concentrada en
este aspecto. Se digitarán, con cuidado y por separado,
ambas manos atendiendo a criterios de funcionalidad (use
primeramente los dedos preferentes), comodidad (no
aplique extensiones innecesarias), economía (solamente
se aplicarán el movimiento y la fuerza necesarios),
velocidad (prevea que una digitación para un pasaje
lento puede no funcionar en uno veloz), unidad tímbrica
(cualidad que adquiere el discurso musical cuando una
voz ó parte se toca en una misma cuerda ó, por lo menos,
en su misma familia -cuerdas entorchadas ó no-.y aún con
un mismo dedo de mano derecha. Esta virtud es notoria en
notas largas pero no tanto en notas cortas), etc. La
digitación permite desplegar la imaginación creativa,
pues las posibilidades de realizar un pasaje son tantas
ó más numerosas que los criterios a aplicar. Sin
embargo, la solución ideal (según su personal
discernimiento) de un fragmento dado puede chocar con la
imposibilidad de hacerlo; el problema dado solo puede
ser solucionable de una ingrata (para usted) manera; en
este caso hay dos caminos: a) entrarle tercamente a la
tarea aún a riesgo de, lo menos, sonar defectuoso y, sin
fortuna, lastimarse las manos, ó b) probar otra
alternativa que, sin satisfacer plenamente su
preferencia, presente viabilidad. Una buena dosis de
realismo y humildad ante los límites (límites que todos
tenemos, incluyendo a los grandes maestros), nos ayudará
a superar el trance.
Tenga presentes, a la hora de digitar un fragmento
musical, tres cuestiones fundamentales: a) ¿cómo
resuelvo este pasaje?, b) ¿es compatible (la digitación
elegida) con el subsiguiente trozo? y c) ¿combina con el
fragmento anterior? Es posible que una solución dada
solo satisfaga plenamente a una de las tres situaciones,
o a dos de ellas, pero que sea totalmente improcedente
con la tercera. Aprenderemos a buscar soluciones de
amplia compatibilidad que respondan en la mejor forma a
las tres preguntas comentadas. A medida que las
digitaciones se vayan diseñando, se escribirán en la
partitura (use lápiz: frecuentemente se cambia de
parecer respecto a los dedos, posiciones ó cuerdas a
emplear).
6.- Mecanismo de mano derecha sola.- Una vez digitado,
que no practicado, una opción de solución a un
fragmento, se procederá a ejercitarlo. Para ello se
recurre a tres tipos de elementos, que se abordan en el
orden expuesto: a) ejercicios de mecanismo elemental
(que se encontrarán en el texto de técnica en uso,
seguramente), b) ejercicios preparatorios que el
discípulo, asesorado por su profesor, elaborará, y que
consistirán en acercamientos progresivos al problema
específico y, finalmente, c) práctica del movimiento
exacto requerido por la digitación que se haya elegido.
El ejercitamiento de las diferentes etapas de este
apartado se hará, primeramente, en una velocidad (tempo)
lentísima, para que dé espacio a la mente de ordenar
cada uno de los movimientos necesarios (incluida la
conducta de relajar entre movimientos, entre acciones y
en los dedos ociosos). Poco a poco, sin perder el
control mecánico, se irá acelerando el mecanismo hasta
llegar a realizarlo “a tempo” (a la velocidad requerida)
y, como reserva, un poco más aprisa.
(el orden de los apartados 6 y 7 es intercambiable)
7.- Mecanismo de mano izquierda sola.- Exactamente las
mismas indicaciones que se expusieron en el apartado
anterior (Mecanismo de mano derecha sola) serán
aplicables a la mano izquierda.
El deseable toque “legato” (discurso en perfecta unión,
sonidos en suave flujo, en íntima sucesión) es, casi
enteramente, responsabilidad de la mano izquierda. Para
lograrlo, se observará, con todo rigor, la conducta de
retirar el dedo actuante exactamente como reacción a la
presión del nuevo dedo (Lo anterior, mecanismo llamado
“pivote”, es válido para grupos de dedos y combinaciones
solo-grupo). La no observancia del recurso citado
producirá el defecto de sonido “cortado” (incompleto en
su valor), enemigo del “legato” y que algún ingenioso
colega ha llamado “hipo” guitarrístico.
La razonable norma económica que recomienda emplear
únicamente la fuerza necesaria en la solución de
cualquier pasaje de música se presentará en tres
situaciones: a) al pisar una cuerda, use únicamente la
presión necesaria para que ella suene clara (si presiona
de menos su sonido será defectuoso, cerdeará, hará
ruido; si oprime de más, desperdiciará valiosa energía y
orillará a su mano a la sobrecontracción, enemiga ésta
del valioso relajamiento; b) no anticipe grupos de dedos
innecesariamente, más bien ellos se irán acomodando uno
por uno según vayan siendo requeridos (cualquier
excepción al particular deberá justificarse); y, c) no
deje los dedos que ya hicieron su trabajo, presionando
sobre las cuerdas, relájelos. Las excepciones, como en
el caso anterior, serán con plena justificación.
Se comprenderá que los ejercicios de ésta mano serán
“mudos” -no sonarán- ya que es su compañera, la diestra,
quien se encarga de producir el sonido. (el orden de los
apartados 6 y 7 es intercambiable)
8.- Mecanismo de manos juntas.- Una vez trabajadas por
separado cada una de las manos, se procederá a
juntarlas. De inicio, teniendo en cuenta el aumento de
dificultad, hágalo a un tiempo mas lento que el
alcanzado a manos separadas. Como en los apartados
anteriores, aumente progresivamente la velocidad hasta
llegar a tocar al tempo deseado, y aún más pues siempre
es sano tener la reserva de poder tocar algo más aprisa
que lo necesario. Es comprensible que algunos pasajes en
estudio opongan mayor resistencia al dominio; si la
digitación elegida no es mejorable, dedíqueles a ellos
mayor insistencia. A estas alturas del proceso se
reforzará la comprensión auditiva de la textura tocando
-y oyendo- por separado las partes ó voces que la
constituyen.
9.- La Expresión.- Considerando el proceso que va de la
partitura a la ejecución como un camino, lo dividiré en
dos partes: La técnica, pensada en este caso como la
solución digito-mecánica de la obra, y la expresión, que
sería la parte que se enfoca a la aplicación de los
elementos “que dan vida” al discurso musical, es decir:
los parámetros de agógica, de dinámica, de tímbrica y de
articulación, entre otros. Dichos elementos, definidos
durante la fase de análisis, serán, en esta parte
llamada expresión, profundizados y aplicados con el
mecanismo de manos juntas. La aplicación de los diseños
expresivos, por lo general, no presentan resistencia
técnica, pero, en el caso de los ligados, considerados
aquí como elementos de expresión, en tanto inciden en la
dinámica, pueden presentarse incompatibilidades entre
diseño (idealidad) y ejecución (realidad); ante ello, se
procederá a hacer ajustes al primero.
Las secciones trabajadas expresivamente, se irán uniendo
unas con otras, en tramos cada vez más extensos, hasta
llegar a la ejecución íntegra de la obra en estudio. A
este todo que tiene en sus manos, hay que regalarle unos
meses para que madure antes de presentarlo a un pequeño
e íntimo público.
10.- Finalmente, el estudioso recabará información sobre
el autor (nombre completo, vida, educación, obra, etc.),
y sobre la época (renacimiento, barroco, clasicismo
temprano, etc.) que junto con otros elementos del
contexto histórico general y particular que envuelve la
vida y la producción del artista creador, inciden en
diferente medida en ellos.
La técnica propuesta en éste artículo, que persigue
abreviar el esfuerzo y el tiempo necesarios para abordar
nuevo material puede, es casi innecesario decir que
obviando algunas fases (como las referentes a solfeo y
análisis), aplicarse en la revisión de materiales que se
hayan trabajado de antemano, esto es: el repertorio
previo del guitarrista.
No todas las diferentes etapas exigen la presencia del
instrumento ni la ubicación del guitarrista en su
“estudio”. Varias de ellas (1, 2, 4 y 10) se pueden
realizar en otros espacios (mientras hace fila en una
oficina, por ejemplo) y en otros momentos (al acostarse,
en lugar de ver televisión, por caso) diferentes a los
reglamentarios.
El proceso de montar una obra guitarrística, reseñado
aquí, es -con las adecuaciones necesarias- totalmente
aplicable a cualquier otro instrumento, por ello, se
recomienda a tal fin. Será de gran satisfacción para el
autor del artículo ver que la utilidad de este trabajo
vaya más allá de los cultivadores de “las seis cuerdas”.
Culiacán, enero-febrero de 2004.
(Revisado en enero de 2006)
Heriberto Soberanes es concertista en guitarra clásica
y, desde 1981, profesor e investigador de la Escuela de
Música de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Más información sobre el autor, en su página:
www.heribertosoberanes.com
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